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POEMAS Y CANCIONES

ESTA BOCA ES MIA – JOAQUIN SABINA – Ediciones B

La actualidad relatada en forma de verso como muy pocos saben hacerlo, el incombustible Joaquin Sabina reune en este único libro todos aquellos versos que semanalmente ofreció durante 5 años en la revista Interviú.

 

 

EL POEMA DEL ANCIANO MARINERO – SAMUEL TAYLOR COLERIDGE – Ed. Libros de Papel.

EL POEMA DEL ANCIANO MARINERO, LA ODA DEL VIEJO MARINERO o también conocido en su nombre en inglés como THE RIME OF THE ANCIENT MARINER. Relata la fantástica aventura de un marino durante un largo viaje en el mar y es además curioso porque ha sido adaptado por la mítica banca de heavy metal, IRON MAIDEN. Os dejo aquí la versión en español de su adaptación y un enlace a la misma.

Adaptación de este fragmento al español.

La Rima del Antiguo Marinero

Escucha la historia del viejo marinero
Mira sus ojos mientras para un invitado de tres
Hipnotiza a uno de los invitados a la boda
Quédate aquí y escucha las pesadillas del mar

Y se escucha música, en cuanto la novia va pasando
Cautivado por su encanto el marinero cuenta su historia

Llevado al sur a tierras de nieve y hielo
A un lugar en que nadie antes ha estado
Atravesando las tempestades de nieve vuela un albatros
Saluda en el nombre de Dios trayendo esperanza de buena suerte

Y el barco navegó de vuelta al norte
A través de la niebla y hielo y el albatros los seguía

El marinero mató al ave de buen presagio
Su tripulación gritó “por qué lo que hizo”
Cuando la niebla desapareció, lo justificaron
Y se hicieron cómplices del crimen

Navegando y navegando hacia el norte a través del mar
Navegando y navegando hacia el norte hasta que vuelva la calma

El albatros comenzó con su venganza
Un terrible maleficio, una sequía comenzó
La tripulación culpó al marinero de su mala suerte
El pájaro muerto cuelga de su cuello

Y la maldición continúa y continúa por los mares
Y la maldición continúa y continúa para ellos y para mí

Día tras día, día tras día,
Estamos varados, sin viento y sin movimiento
Tan inactivos como un barco pintado sobre un mar pintado
Agua, agua por todos lados y la comida disminuyó
Agua, agua por todos lados, ni una gota para beber
(Samuel Taylor Coleridge 1798-1834)

Habló entonces el marinero
Viene un barco por el horizonte
Pero cómo puede navegar
Sin viento y sin marea

Mira… al frente viene
al frente se acerca, lejos del sol
Mira, no tiene tripulación
No tiene vida, espera, pero si son dos!

La muerte, la muerte en vida
Ellos lanzaron los dados por la tripulación
Le ganó al marinero y le pertenece a ella ahora
Entonces la tripulación, uno a uno, cayó muerta,
Doscientos hombres
Ella, ella, muerte en vida
Ella lo dejó vivir, el es el elegido

Uno a uno, sobre la luna rodeada de estrellas
Muy rápido como para gemir o suspirar
Cada uno giró su rostro cadavérico
Y me maldijo con sus ojos
Cuatro veces cincuenta hombres
(Y no escuché ningún suspiro, ningún gemido)
Con pesado estruendo, un bulto sin vida,
Cayeron uno por uno
(Samuel Taylor Coleridge 1798-1834)

La maldición vive en sus ojos
El marinero deseó haber muerto
Junto con las criaturas del mar
Pero ellas vivieron, igual que él

Y sobre la luz de la luna
El reza por su belleza sin condena
De corazón las bendijo
Criaturas de Dios, a todas ellas también

Entonces el hechizo empezó a romperse
El albatros cayó de su cuello
Y se hundío como plomo en el mar
después de caer, comenzó a llover

Escucha el gemir de los marineros muertos hace tiempo
Mira cómo se mueven y se levantan
Cuerpos levantados por buenos espíritus
Ninguno de ellos habló , estan sus ojos sin vida

La venganza continúa, el castigo comienza de nuevo
Atrapado en un trance y la pesadilla sigue adelante

Finalmente la maldición es levantada
Y el marinero mira su hogar
Espíritus salen de los cuerpos muertos hace mucho tiempo
Forman su propia luz y el marinero es abandonado

Y luego un bote vino navegando hacia él
Era una dicha que no podía creer
Los pilotos del barco eran su hijo y un ermitaño
Penitencia eterna caerá sobre el

Y el barco se hunde como plomo en el mar
Y el ermitaño perdona al marinero sus pecados

El marinero está destinado a contar esta historia
A contar este realto donde quiera que vaya
Enseñar la palabra de Dios con su propio ejemplo
Que debemos amar todas las cosas que Dios creó

Y el invitado a la boda es un triste y sabio hombre
Y el relato continúa, continúa y continúa

 

POESÍA PARA LOS PEQUES DE LA CASA

Estos días atrás, me encontraba leyendo uno de los tantos libros en los que invierto mi tiempo,  cuando de pronto se dirige ante mi la pequeña de la casa y me pregunta ¿ Qué lees ?, a lo que le contesto, es un libro de lindos poemas que seguro te gustará, y acto seguido comienzo a leerle algo del mismo en voz alta. Mi interpretación, al parecer,  no le hizo mucha gracia y con un gesto de desaprobación dio media vuelta y se marchó. Ahí es cuando pensé, porque no buscar un libro que hable de poesía y que sea atractivo, que tenga una historia para los peques de la casa. En esa búsqueda me topé con estos dos que a buen seguro intrigarán a los infantes y quizás, tal vez, los haga iniciarse en el mundo de la poesía.

– MIGUEL HERNANDEZ EL POETA DE LA LUNA – Autor: Esteban Rodriguez Serrano – Ed: El rompecabezas.

– TRES POEMAS MÁGICOS – Autor: Jorge Lujan – Ed: Anaya.

 

 

 

ARDER EN EL AGUA, AHOGARSE EN EL FUEGO : SELECCION DE POEMAS 1955-1973 — CHARLES BUKOWSKI. Colección Visor de Poesía

Una más que interesante recopilación de que los que a título del propio autor considera una de sus mejores creaciones.

 

LA LUNA Y EL MAR — ANTONIO A. GÓMEZ YEBRA

Aquí les traigo este bellísimo poema de Antonio A. Gómez Yebra, titulado “LA LUNA Y EL MAR”, espero que lo disfruten. Para aquellos que quieran conocer más sobre el autor pueden dirigirse a: http://gomezyebra.com/

LA LUNA Y EL MAR

El mar se quedó dormido
en un espejo de concha,
la luna vela su sueño
sobre las olas.

El mar tiene pesadillas
y, de pronto, se alborota,
la luna le habla quedito
mientras lo arropa.

Al mar le duele el estómago
(se tragó una caracola),
la luna le da masaje
con una esponja.

El mar lanza un estornudo
que despierta a las gaviotas,
la luna le da un pañuelo
y un tapabocas.

El mar se queda tranquilo
y al fin reposa,
la luna vela en el cielo
hasta la aurora.

 

 

 

LAS FLORES DEL MAR — JOSE EMILIO PACHECO

Dedicado a nuestros múltiples seguidores en México.

LAS FLORES DEL MAR

A la memoria de Jaime García Terrés              

Danza sobre las olas, vuelo flotante,
ductilidad, perfección, acorde absoluto
con el ritmo de las mareas,
la insondable música
que nace allá en el fondo y es retenida
en el santuario de las caracolas.

La medusa no oculta nada,
más bien despliega
su dicha de estar viva por un instante.
Parece la disponible, la acogedora
que sólo busca la fecundación,
no el placer ni el famoso amor,
para sentir: ­Ya cumplí,
ya ha pasado todo.
Puedo morir tranquila en la arena
donde me arrojarán las olas que no perdonan.

Medusa, flor del mar. La comparan
con la que petrifica a quien se atreve a mirarla.
Medusa blanca como la X’Tabay de los mayas
y la Desconocida que sale al paso y acecha
desde el Eclesiastés al pobre deseo.

Flores del mar y el mal las Medusas.
Cuando eres niño te advierten:
Limítate a contemplarlas.
Si las tocas, las espectrales
te dejarán su quemadura,
la marca a fuego, el estigma
de quien codicia lo prohibido.

Quizá dijiste en silencio:
­Pretendo asir la marea,
acariciar lo imposible.

Nunca lo harás: las medusas
no son de nadie celestial o terrestre.
Son de la mar que no es ni mujer ni prójimo.

Son peces de la nada, plantas del viento,
quizá espejismos,
gasas de espuma ponzoñosa

En Veracruz las llaman aguas malas.

 

NO NOS CANSAMOS DE PABLO NERUDA, EN ESTA OCASIÓN CON SU NOCHE MARINA

Noche marina, estatua blanca y verde,
te amo, duerme conmigo. Fui por todas
las calles calcinándome y muriendo,
creció conmigo la madera, el hombre
conquistó su ceniza y se dispuso
a descansar rodeado por la tierra.

Cerró la noche para que tus ojos
no vieran su reposo miserable:
quiso proximidad, abrió los brazos
custodiado por seres y por muros,
y cayó al sueño del silencio, bajando
a tierra funeral con sus raíces.
Yo, noche Océano, a tu forma abierta,
a tu extensión que Aldebarán vigila,
a la boca mojada de tu canto
llegué con el amor que me construye.

Te vi, noche del mar, cuando nacías
golpeada por el nácar infinito:
vi tejerse las hebras estrelladas
y la electricidad de tu cintura
y el movimiento azul de los sonidos
que acosan tu dulzura devorada.

Ámame sin amor, sangrienta esposa.

Ámame con espacio, con el río
de tu respiración, con el aumento
de todos tus diamantes desbordados:
ámame sin la tregua de tu rostro,
dame la rectitud de tu quebranto.

Hermosa eres, amada, noche hermosa:
guardas la tempestad como una abeja
dormida en tus estambres alarmados,
y sueño y agua tiemblan en las copas
de tu pecho acosado de vertientes.

Nocturno amor, seguí lo que elevabas,
tu eternidad, la torre temblorosa
que asume las estrellas, la medida
de tu vacilación, las poblaciones
que levanta la espuma en tus costados:
estoy encadenado a tu garganta
y a los labios que rompes en la arena.

Quién eres? Noche de los mares, dime
si tu escarpada cabellera cubre
toda la soledad, si es infinito
este espacio de sangre y de praderas.
Dime quién eres, llena de navíos,
llena de lunas que tritura el viento,
dueña de todos los metales, rosa
de la profundidad, rosa mojada
por la intemperie del amor desnudo.

Túnica de la tierra, estatua verde,
dame una ola como una campana,
dame una ola de azahar furioso,
la multitud de hogueras, los navíos
del cielo capital, el agua en que navego,
la multitud del fuego celeste: quiero un solo
minuto de extensión y más que todos
los sueños, tu distancia:
toda la púrpura que mides, el grave
pensativo sistema constelado:
toda tu cabellera que visita
la oscuridad, y el día que preparas,

Quiero tener tu frente simultánea,
abrirla en mi interior para nacer
en todas tus orillas, ir ahora
con todos los secretos respirados,
con tus oscuras líneas resguardadas
en mí como la sangre o las banderas,
llevando estas secretas proporciones
al mar de cada día, a los combates
que en cada puerta —amores y amenazas—
viven dormidos.
Pero entonces
entraré en la ciudad con tantos ojos
como los tuyos, y sostendré la vestidura
con que me visitaste, y que me toquen
hasta el agua total que no se mide:
pureza y destrucción contra toda la muerte,
distancia que no puede gastarse, música
para los que duermen y para los que despiertan.

 

 

VAMOS CON OTRO GRANDE QUE LE RINDE AL MAR

RAFAEL ALBERTI

El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!

¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?

En sueños la marejada
me tira del corazón;
se lo quisiera llevar.

Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

Gimiendo por ver el mar,
un marinerito en tierra
iza al aire este lamento:
¡Ay mi blusa marinera;
siempre me la inflaba el viento
al divisar la escollera!

 

 

ODA AL MAR – PABLO NERUDA

Aquí en la isla
el mar
y cuánto mar
se sale de sí mismo
a cada rato,
dice que sí, que no,
que no, que no, que no,
dice que si, en azul,
en espuma, en galope,
dice que no, que no.
No puede estarse quieto,
me llamo mar, repite
pegando en una piedra
sin lograr convencerla,
entonces
con siete lenguas verdes
de siete perros verdes,
de siete tigres verdes,
de siete mares verdes,
la recorre, la besa,
la humedece
y se golpea el pecho
repitiendo su nombre.
Oh mar, así te llamas,
oh camarada océano,
no pierdas tiempo y agua,
no te sacudas tanto,
ayúdanos,
somos los pequeñitos
pescadores,
los hombres de la orilla,
tenemos frío y hambre
eres nuestro enemigo,
no golpees tan fuerte,
no grites de ese modo,
abre tu caja verde
y déjanos a todos
en las manos
tu regalo de plata:
el pez de cada día.

Aquí en cada casa
lo queremos
y aunque sea de plata,
de cristal o de luna,
nació para las pobres
cocinas de la tierra.
No lo guardes,
avaro,
corriendo frío como
relámpago mojado
debajo de tus olas.
Ven, ahora,
ábrete
y déjalo
cerca de nuestras manos,
ayúdanos, océano,
padre verde y profundo,
a terminar un día
la pobreza terrestre.
Déjanos
cosechar la infinita
plantación de tus vidas,
tus trigos y tus uvas,
tus bueyes, tus metales,
el esplendor mojado
y el fruto sumergido.

Padre mar, ya sabemos
cómo te llamas, todas
las gaviotas reparten
tu nombre en las arenas:
ahora, pórtate bien,
no sacudas tus crines,
no amenaces a nadie,
no rompas contra el cielo
tu bella dentadura,
déjate por un rato
de gloriosas historias,
danos a cada hombre,
a cada
mujer y a cada niño,
un pez grande o pequeño
cada día.
Sal por todas las calles
del mundo
a repartir pescado
y entonces
grita,
grita
para que te oigan todos
los pobres que trabajan
y digan,
asomando a la boca
de la mina:
“Ahí viene el viejo mar
repartiendo pescado”.
Y volverán abajo,
a las tinieblas,
sonriendo, y por las calles
y los bosques
sonreirán los hombres
y la tierra
con sonrisa marina.
Pero
si no lo quieres,
si no te da la gana,
espérate,
espéranos,
lo vamos a pensar,
vamos en primer término
a arreglar los asuntos
humanos,
los más grandes primero,
todos los otros después,
y entonces
entraremos en ti,
cortaremos las olas
con cuchillo de fuego,
en un caballo eléctrico
saltaremos la espuma,
cantando
nos hundiremos
hasta tocar el fondo
de tus entrañas,
un hilo atómico
guardará tu cintura,
plantaremos
en tu jardín profundo
plantas
de cemento y acero,
te amarraremos
pies y manos,
los hombres por tu piel
pasearán escupiendo,
sacándote racimos,
construyéndote arneses,
montándote y domándote
dominándote el alma.
Pero eso será cuando
los hombres
hayamos arreglado
nuestro problema,
el grande,
el gran problema.
Todo lo arreglaremos
poco a poco:
te obligaremos, mar,
te obligaremos, tierra,
a hacer milagros,
porque en nosotros mismos,
en la lucha,
está el pez, está el pan,
está el milagro.

 

 

A POR EL MAR – LUIS EDUARDO AUTE

 

El mar, que fue una palabra
vacía y sin horizonte,
hoy es un niño que canta
sobre cuarenta prisiones,
un niño que se despierta
como una ola gigante,
lleva en un puño una perla
y un coral rojo en la sangre.

A por el mar,
a por el mar que ya se adivina,
a por el mar,
a por el mar, promesa y semilla
de libertad,
a por el mar, a por el mar…
El mar nos está esperando
a poco tiempo del sueño,
sólo es cuestión de unos pasos,
esos que reprime el miedo,
vayamos, pues, a abrazarlo
como un amante que vuelve
de un tiempo que nos robaron,
ese que nos pertenece.

El mar es más que un paisaje,
también es un sentimiento,
es un corazón que late
negándose a seguir muerto;
no rinde más obediencia
que la que exigen los vientos,
no lo sujetan cadenas
ni se detiene ante el fuego.

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